| Ese día fue mi primera vez, si, la primera. Estaba tan nervioso que no reparé en que se trataba de algo que me marcaría de por vida. Como yo no sabía que hacer, mi mamá me acompañó, si, mi madre. Se supone que sería papá el encargado de esa tarea, asi se estilaba hasta hace unos años, pero, como siempre, él no estaba disponible. En fin, mamá estaba tan nerviosa como yo, no dejaba de darme ánimos y decirme que se trataba de un gran paso para mi madurez.. "Tienes que aprender" - me dijo- "ya que después lo harás tú solo". Apenas pude escucharla, mi mente se ocupaba más en pensar cómo lo haría, por dónde empezar??? "¿La abro y lo meto todo o primero escucho que otros servicios puede darme??? Asi es amigos, llevaba conmigo mis ahorros para esta aventura y pensaba dejarlos en ella. Lo bueno fue que en esa época no cobraban tanto, no como ahora que te dan un servicio apresurado, malo, ni te miran a los ojos, cobran por anticipado y te cuesta un ojo de la cara. Al entrar al edificio de inmediato pude verlas... Cinco hermosas chicas que prestaban servicio ese día, todas sonrientes, todas serviciales, todas coquetas... Pero solo una de ellas me cautivó... Rita. Fui directo a ella, nada se interponía entre nosotros, ni una puerta, ni una persona, ningún cristal... Mi torpeza e inexperiencia me hicieron decir -"SEÑORITA, DESEO ABRIRLA ¿CÓMO LO HAGO?"-. Ella esbozo otra bella sonrisa, acercó su lindo rostro y me dijo -"CON MIL PESOS CORAZÓN Y, DESPUÉS DE HACERLO... TE REGALAMOS UN COCHINITO!!!... Era el glorioso año 85 del pasado siglo, tenía ocho años de edad y veintitres años después aun tengo la cuenta de ahorros que Rita me abrió, aunque el banco ya cambió tres veces de nombre, de administración y hasta de colores... pero... ¿Cómo olvidar esos hermosos 80´s, cuando llegabas a un banco y te recibían con una sonrisa, no existían las colas, la cajera te daba los buenos días sin un cristal de por medio y LITERALMENTE abría tu cuenta, ya que era un cuadernito llenado a mano con solo firmas y sellos; cuando depositar tu dinero era una inversión y no un dolor de cabeza, cuando no había un gorila armado en la puerta y, sobre todo... Cuando un niño de ocho años podía ir de su casa al banco, dinero en mano, sin el temor a ser asaltado. Por cierto, nunca llené el cochinito... pero que lindo es recordar!!! |